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Historia Publication logo Marzo 2, 2022

El Shihuahuaco Pierde la Batalla con la Tala Ilegal

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Autores:
A forest in Peru.
Español

La confluencia de una crisis económica y humanitaria debida a Covid-19 ha revertido los frágiles...

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Imagen de Michael Tweddle. Perú.

La amenaza de la economía ilegal en la Amazonía peruana —concentrada en el narcotráfico, la tala, y la minería ilegal— cae del cielo como la lluvia que azota los bosques densos y húmedos de Madre de Dios.

En las selvas del río Las Piedras, la desprotección y el abandono del Estado se siente en cada rincón. Solo en los puertos de Lucerna y Sabaluyoc, a casi dos horas de Puerto Maldonado, la capital de la región, la rutina es voraz: una escuadrilla de trabajadores va y viene transportando enormes troncos de los árboles cortados que se amontonan antes de ser cargados en camiones.


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Los taladores han puesto los ojos por fin en el shihuahuaco (del género dipterix), un árbol enorme que puede tardar hasta mil años en alcanzar un diámetro de 120 cms y una altura de 50 metros, y cuya dureza, hasta hace algunos años, lo ha defendido arduamente de las motosierras. Pero hoy está perdiendo la batalla.

Víctor Raúl Quio dejó Ucayali a principios del año 2000 para mudarse a Puerto Maldonado y trabajar en la tala de caoba y cedro, dos de las especies que ya no se encuentran en los bosques de la cuenca del río Las Piedras.

“Vinimos un grupo de doce personas especialmente para trabajar madera. Primero como obreros, después como motosierristas. Mi padre también era maderero, desde niño podía reconocer al shihuahuaco y al resto de árboles como la lupuna o el tornillo. Nuestro conocimiento del bosque es algo intuitivo. Yo ganaba cerca de 30 a 40 soles diarios, pero en principio vine a ganar 650 soles mensuales trabajando ocho horas diarias en una rutina como cualquiera.”

Víctor Raúl.

Hoy comprende que la destrucción del bosque trae grandes consecuencias. Desde hace más de un año forma parte del equipo de guardabosques de Junglekeepers y se encarga de promover la conservación entre la comunidad de Puerto Nuevo y Monte Salvado, mientras patrulla los bosques.

“Ahora que no hay caoba ni cedro, todos buscan shihuahuaco porque es buena madera, dura y resistente. Hay bastante gente que trabaja en la tala, porque de alguna u otra manera es una forma de subsistir. Ahora veo otras posibilidades, como la que tengo ahora como guardián del bosque, aunque incluso en mi comunidad a veces siguen cortando madera, pero ya no como antes.”

Víctor Raúl.


Imagen de Michael Tweddle.

Madera de lujo

Un shihuahuaco de grandes dimensiones puede reportar, como madera ya procesada, miles de dólares en el mercado internacional. En el rubro de los materiales de construcción y de la ebanistería, esta madera resistente como el acero, con vetas pronunciadas y de color rojizo, es una de las más cotizadas. De acuerdo a un reportaje publicado por el portal Mongabay, se calcula que cada año, solo en el Perú, se corta aproximadamente 184 mil de estos árboles ancestrales.

Las maderas que flotan se pueden transportar fácilmente por la inmensa red fluvial de la Amazonia, pero esa vía se cierra al shihuahuaco, cuyo peso lo hundirá sin remedio en el lecho del río. Esto significa que para sacar esos troncos gigantescos del bosque, será necesario abrir caminos amplios por los que puedan pasar grandes vehículos. Una vez que los inmensos troncos son convertidos en tablones, estos inician el largo viaje hasta la capital.

Mientras un porcentaje de lo extraído queda para el consumo nacional —según el Estado un 80%, pero no existe data sólida al respecto— donde se la promociona como “lo mejor de lo mejor en pisos para tu casa” —una vuelta por los grandes almacenes y lugares especializados en construcción dan fe de ello— el resto se va al puerto del Callao para ser exportado a China, México, EE.UU. y Europa. Lo preocupante es que no existen datos

Gran parte de esta madera pasa los controles oficiales, con documentos en apariencia legales. Sin embargo, pocas cosas reflejan tanto las carencias de control como el tráfico ilegal de productos forestales. Ya sea mediante la falsificación de los datos de los censos de especies —reportando más que los que realmente hay, o pasando como legales enormes cantidades de madera talada en zonas no autorizadas como áreas naturales protegidas— el blanqueo de madera es algo que ocurre con normalidad en los bosques amazónicos.


Imagen de Michael Tweddle. Perú.

El nuevo oro de la selva

La caoba y el cedro ya son especies casi inexistentes en la región debido a la tala indiscriminada; de quedar algún ejemplar, ahora por fin consideradas especies protegidas, son tan inaccesible, que la venta de su madera no alcanzaría a cubrir los costos emprendidos para explotarla, en los que habría que incluir sobornos a distintas autoridades a lo largo del viaje que realizará la madera. Pero nuevos “mercados” se abren todos los días, y la industria maderera ha logrado colocar al shihuahuaco en los mercados internacionales especialmente para ser usado en pisos y exteriores, pues su dureza lo hace casi inmune al deterioro por exceso de humedad y a los ataques de insectos.

Aunque la comunidad científica y el activismo ecologista llevan ya algunos años señalando que la explotación del shihuahuaco no es sostenible, y que la especie debería ser declarada en peligro y protegida —como tantas otras— el mercado internacional es tan propicio, que las autoridades locales, regionales, nacionales y hasta organismos internacionales, prefieren escudarse en la data producida por las propias empresas madereras, en la que se indica que la explotación sí es viable siempre y cuando se apliquen los métodos de gestión que han probado su efectividad en los bosques templados del mundo.

La ingeniera forestal Tatiana Espinosa, directora de la ONG Arbio Perú, y quien lleva más de doce años liderando una batalla para proteger los árboles longevos de Las Piedras, opina diferente. “Dado el lento crecimiento del shihuahuaco, al cual le toma más de 300 años llegar al diámetro mínimo de corte (51 cms), su extracción es insostenible. La modalidad de extracción a veinte años empleada en el Perú legalmente supone que después de estos años el bosque debe haberse recuperado, pero esto no es real. Con la maquinaria usada para generar la apertura de vías y caminos, dejando profundos surcos en el terreno, queda un suelo compactado, convirtiendo el área en un bosque degradado.”

A este ritmo acelerado e incontrolado, pronto no habrá más abuelos del bosque. Y con su depredación se verá afectado el equilibrio climático y el hábitat de todas las especies que interactúan con él —polinizadores y dispersores— entre ellos mamíferos herbívoros y aves rapaces como el águila arpía; que anida en la copa de los shihuahuacos más altos y está incluida como especie vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Finalmente, el desastre recae en las poblaciones indígenas quienes conviven con las bondades de la selva desde que nacen, y quienes realmente padecen cuando el bosque es destruido o degradado. Para los pobladores de Madre de Dios es común crecer viendo la tala y minería ilegal como actividades productivas, ya que enfocarse en los productos forestales no maderables, presentan oportunidades escasas. Los encargados de formular políticas deberían estar impulsando un plan de desarrollo duradero y sostenible en vez de fomentar un ambiente de saqueo de recursos donde prevalece la ley del Lejano Oeste y la corrupción o mejor dicho, donde no existe la ley.


Imagen de Michael Tweddle. Perú.

Guardianas del bosque

La ingeniera forestal de profesión, Tatiana Espinosa, ha dedicado los últimos doce años a la protección del bosque tropical. El shihuahuaco es hoy una de sus principales preocupaciones y a través de su ONG Arbio Perú se dedica a reclamar por su cuidado, junto a sus hermanas.

Fundada en el 2010, la organización peruana sin fines de lucro está liderada por mujeres y maneja una concesión de 916 hectáreas de bosque en la cuenca del río Las Piedras en Madre de Dios. La labor que viene realizando Espinosa le ha otorgado el Jane Goodall Hope and Inspiration Ranger Award (2018), un reconocimiento que saca a relucir su labor frente al dramático escenario que enfrenta día a día.

Entre el sólido equipo de mujeres que la acompañan, está María José Canelón Arias, una ingeniera de recursos naturales que llegó desde Barquisimeto, Venezuela, el 2018 y terminó quedándose en el Perú para proteger los bosques amazónicos. Hoy, junto al equipo de Arbio Perú, participa en el patrullaje diario de la concesión manteniendo y cuidando a que los gigantes del bosque permanezcan de pie.

“Las rondas que hago consisten en patrullar las trochas que bordean el río Las Piedras. Dependiendo de la actividad que haya habido por la noche, sobre todo el tránsito de botes por el río, es que se organiza el patrullaje. Aquí uno aprende a distinguir los sonidos y el de la motosierra es uno que se oye con frecuencia. Para rastrearlo, hay que poner atención y seguirlo. El riesgo es no saber con quién te vas a encontrar y mucho peor si eres mujer.”

María José Canelon.

Ya está demostrado que cortar shihuahuaco para madera es insostenible,” sostiene Tatiana Espinoza, bajo la sombra de un milenario ejemplar.