Nos complace presentar las cartas ganadoras del concurso Nuestra Voz en la COP30, una iniciativa que destaca cómo las y los jóvenes de América Latina convierten el periodismo en una herramienta para comprender sus territorios e impulsar soluciones climáticas.
Categoría Océanos: Yuriko Alondra Márquez Chávez (México) y Valeria Salazar García (Venezuela) exploran las amenazas que enfrentan los ecosistemas costeros y marinos—desde megaproyectos hasta la pesca insostenible—y proponen acciones urgentes para proteger a las comunidades que dependen del mar.
Categoría Clima y Trabajo: Beatriz Salas (Colombia) y Andrea Sánchez (Venezuela) relatan con sensibilidad cómo el cambio climático impacta la vida cotidiana: desde la movilidad y el acceso al trabajo hasta la desaparición de glaciares que sostienen ecosistemas y modos de vida.
Categoría Bosques: Kelvin Criollo (Ecuador) y Martina Egas (Ecuador) ponen en el centro la defensa de los territorios amazónicos y de los bosques costeros, resaltando los conflictos ambientales y sociales alrededor del agua, los manglares y los proyectos de carbono.
Estas cartas reflejan la profunda conexión que las juventudes latinoamericanas tienen con sus bosques, océanos y comunidades. También muestran la fuerza del periodismo para inspirar soluciones reales.
Te invitamos a conocer y leer las cartas ganadoras.
Categoría Océanos
Carta inspirada en el reportaje "El Corredor Interoceánico: Una historia de imposición, despojo y violencia"
Yuriko Alondra Márquez Chávez (21 años, México)
Yuriko es una estudiante de relaciones internacionales en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). También se destaca como investigadora juvenil y gestora juvenil de desarrollo sostenible por UNICEF. Fue finalista del tercer Climatón UNAM con el proyecto "Pintando el aire". Yuriko combina la escritura y la acción climática para cuestionar las estructuras sociales que perpetúan la desigualdad y la crisis ambiental. Su convicción es clara: "Si el dolor se convierte en conocimiento y el conocimiento en acción, puede nacer una revolución". Su carta inspirada en el reportaje titulado "El Corredor Interoceánico: Una historia de imposición, despojo y violencia" muestra una profunda conexión y conocimiento sobre el territorio mexicano y las amenazas que enfrentan sus pueblos originarios.
Estimada Inger Andersen – Directora Ejecutiva del PNUMA:
Le escribo para expresar mi preocupación por el impacto de los megaproyectos sobre los ecosistemas y comunidades de México. Desde niña, he corrido entre pastizales y ríos, trepado árboles y escuchado el murmullo de las corrientes que atraviesan mi país. Aprendí que cada arroyo, cada bosque y cada ave son piezas de una red viva que sostiene la existencia. Hoy, esa red se está rompiendo.
El Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, que conecta los océanos Pacífico y Atlántico, se ha vendido como símbolo de progreso, pero detrás de su retórica se oculta un ecocidio (destrucción masiva de los ecosistemas) que amenaza a uno de los pulmones más importantes del país. El reportaje del Pulitzer Center, sobre "El corredor interoceánico de México” muestra que, bajo el discurso del crecimiento económico, se esconde contaminación de agua y aire, infertilidad del suelo, deforestación masiva y muerte de la fauna.
No se trata solo de proyectos lejanos: también afecta nuestro entorno local. En mi municipio, Jilotzingo, hemos experimentado un asedio inmobiliario que amenaza bosques, ríos y tierras agrícolas. La construcción de autopistas, desarrollos industriales y residenciales transforma nuestras zonas verdes en lugares donde se compromete la salud humana y ambiental y se excluye a las comunidades de las decisiones sobre sus territorios. Esto refleja un patrón global: desarrollo sin justicia, progreso sin humanidad.
El agua, nuestro bien más sagrado, es especialmente vulnerable. Manantiales y ríos que sostienen comunidades y ecosistemas son desviados, contaminados o privatizados. La biodiversidad se fragmenta y las especies pierden su hábitat. Tanto en Jilotzingo como en Oaxaca y Veracruz, la infraestructura, los megaproyectos así como también los gobiernos corruptos que ignoran las leyes ambientales facilitan el ecocidio, destruyendo ecosistemas y medios de vida. Repitiendo un patrón que no podemos ignorar.
Para enfrentar esta crisis, propongo acciones concretas que PNUMA puede impulsar en el marco de la COP30:
- Apoyar la tipificación del ecocidio como crimen internacional:
Respaldando con evidencia científica un marco vinculante que prevenga prácticas destructivas y proteja ecosistemas y comunidades afectadas. Esta propuesta se alinea con los esfuerzos ya impulsados por organizaciones internacionales como “Stop Ecocide”. - Fortalecer la participación comunitaria:
Asegurando que los pueblos indígenas y comunidades locales tengan un rol vinculante en decisiones sobre proyectos en sus territorios, mediante asesoría técnica y programas de inclusión efectiva. - Dirigir financiamiento climático a restauración y protección de defensores:
Canalizando recursos hacia la recuperación ecológica y apoyo a activistas que protegen ecosistemas y comunidades vulnerables. - Crear y fortalecer una red internacional de guardianes del territorio:
Brindando apoyo técnico y profesional a comunidades que defienden la naturaleza, facilitando estrategias integrales de prevención y comunicación sobre impactos ambientales, fortaleciendo la acción colectiva a nivel local e internacional.
Inger Andersen, México y muchos países del Sur Global no necesitan más zonas industriales, necesitamos zonas donde la naturaleza y las comunidades puedan prosperar.
Confío en que, con su apoyo, estas propuestas ayuden a garantizar un futuro justo y sostenible para nuestras comunidades y ecosistemas.
Atentamente,
Yuriko Márquez
Carta inspirada en el reportaje "Venezuela se quita la sardina de la boca para dársela sobre todo a Cuba"
Valeria Salazar García (20 años, Venezuela)
Estudiante de estudios internacionales en la Universidad Central de Venezuela, Valeria es proveniente de la costa venezolana. Este fuerte sentido de pertenencia a su ecosistema costero es lo que la impulsa a protegerlo. Afirma que cada una de sus acciones cotidianas está orientada a preservar la vida marina y su belleza para las futuras generaciones. Su testimonio está fundamentado en el reportaje “Venezuela se quita la sardina de la boca para dársela sobre todo a Cuba”. En su carta expresa su relación personal con la costa venezolana y su relación con la pesca, que representa esencialmente, una fuente de sustento, cultura y equilibrio ecológico.
Estimado Embajador André Corrêa do Lago, presidente de la COP30:
¿Ha escuchado alguna vez el lamento de una red vacía?
No hace ruido. No arde como los bosques. Pero duele igual. Porque el silencio del mar también es una advertencia.
Soy Valeria Salazar, tengo 20 años, estudiante de tercer semestre de estudios internacionales en la Universidad Central de Venezuela y sobrina de pescadores artesanales del estado Sucre, Venezuela. Hoy le escribo desde el borde de la costa, ese mismo borde desde donde algunos miran al mar como si fuera infinito. Pero no lo es. Para nosotros los sucrenses la sardina no es solo un pescado, es fuente de sustento, cultura y equilibrio ecológico. Pero hoy, no nos queda nada.
Hoy me inspiro del reportaje "Venezuela suministra sardinas principalmente a Cuba" de la periodista Lisseth Boon, donde denuncia que a pesar que la resolución DM/N°04317 prohíba la exportación de sardinas para promover un abastecimiento interno en medio de una crisis alimentaria, se registra que entre 2021 y 2024 el 73% de la pesca y comercio de sardinas totales son enviadas a Cuba, dejando a la comunidad y a mi familia que viven de ello sin nada: sin gasolina, sin suministros, sin una sola sardina para llevar a sus hogares; en cambio son explotados laboralmente con una remuneración de 30 bolívares, lo que representaba 0,64 centavos de dólar para julio de 2024.
Puede que existan ciertos tratados, incluso intereses diplomáticos, pero ¿de qué sirven si nuestras propias leyes no se cumplen?
El mar venezolano también está siendo saqueado. No con fuego, como el Waraira Repano, sino con permisos silenciosos. Con hambre disfrazada de política exterior.
Como estudiante de estudios internacionales, sobrina y orgullosa hija de un país costero, propongo:
- Establecer un área protegida en la zona para preservar el desarrollo y protección de las sardinas, implementando diversas reglas, normas y métodos para fomentar una pesca sostenible y responsable en el área.
- Desarrollar un sistema de trazabilidad integral en Guaca e iniciar un programa de financiamiento para los pescadores locales, proporcionando recursos y materiales, monitoreo y registro del flujo de sus productos a lo largo de la cadena de suministro.
- Crear una normativa de protección y custodia del pescador que garantice el respeto a su trabajo y su derecho a comercializar sus productos de manera autónoma. En caso de que una empresa procesadora desee contratar a un pescador, se deberá asegurar que reciba una remuneración justa y equitativa que refleje el valor de su trabajo y su aporte a la industria.
Un país con mar no debería tener hambre, por eso acudo a usted que tiene la oportunidad de marcar un cambio real. Puede ser nuestra voz en la COP30 o simplemente dar visibilidad a nuestro mensaje. No necesitamos palabras vacías, sino compromiso, datos y acciones concretas que nos ayuden a avanzar.
El mar también se quema y la comunidad se consume.
Y sin usted, pueden terminar apagados para siempre.
Agradeciendo su atención y consideración, me despido.
Atentamente:
Valeria Salazar
Categoría Clima y Trabajo
Carta inspirada en el reportaje "Cambio climático, movilidad y desigualdad"
Beatriz Salas (24 años, Colombia)
Originaria de Riohacha, La Guajira, en Colombia, Beatriz es profesional en derecho y actualmente estudia ciencias políticas. Se ha consolidado como una líder afro en el distrito de Riohacha, aportando una gran experiencia en la incidencia juvenil. Forma parte del voluntariado Global Shapers, donde lleva a cabo actividades de alto impacto a nivel territorial enmarcadas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y en cumplimiento de la Agenda 2030. Su testimonio inspirado en el reportaje: "Cambio climático, movilidad y desigualdad", detalla con precisión los desafíos de las comunidades rurales de La Guajira y el valor en la conservación de sus manglares y ecosistemas.
Estimada Irene Vélez, Ministra de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia:
Le saluda Beatriz Angélica Salas Benjumea, joven afro de Riohacha, La Guajira, líder comunitaria comprometida con la defensa de nuestros territorios y sus ecosistemas rurales.
Me dirijo a usted para comunicarle lo que sucede en mi territorio. En La Guajira los ecosistemas rurales, que comprenden manglares costeros, bosque seco, lagunas y humedales, constituyen la columna vertebral de la biodiversidad, del clima local y del sustento de las distintas comunidades. Cabe resaltar que el Sistema Nacional de Áreas Protegidas ha reconocido cerca de 2.000 hectáreas de bosque seco tropical en La Guajira como parte de su representatividad ecosistémica, lo que refleja el valor que tienen estos ecosistemas para la conservación y el equilibrio ambiental del país.
A esto destaco de manera muy especial el tema de los manglares, especialmente porque me encuentro en una zona costera como Riohacha, donde estos ecosistemas son parte esencial del paisaje y de la vida de muchas familias. Los manglares no solo representan belleza natural, sino que son barreras vivas que nos protegen de la erosión y del avance del mar, amortiguan el oleaje durante las tormentas y guardan carbono que ayuda a mitigar los efectos del cambio climático. Además, entre sus raíces se cría gran parte de la vida marina que sostiene la pesca artesanal, actividad de la que dependen muchas comunidades en el territorio, su pérdida no sería solo ambiental, sino también cultural y económica, porque donde muere el mangle, también se debilita la posibilidad de vivir dignamente.
Me preocupa profundamente que mi territorio enfrente una crisis ambiental cada vez más evidente, marcada por la deforestación acelerada de los bosques secos y manglares, la sequía prolongada y la pérdida de biodiversidad local.
En el reportaje "Cambio climático, movilidad y desigualdad" de Miguel Ángel Dobrich y Gabriel Farías se analiza cómo la crisis climática profundiza las brechas de desigualdad social y de género en Uruguay. La investigación demuestra que, ante eventos climáticos extremos, las desviaciones de las rutas de ómnibus extienden sus tiempos de traslado, afectando no solo su puntualidad laboral, sino también su vida familiar.
Lo anterior me parece importante mencionar pues guarda una estrecha relación con la realidad de las comunidades rurales de La Guajira. Así como las trabajadoras domésticas en Uruguay ven limitada su movilidad y acceso a oportunidades por los efectos de las inundaciones, en algunas zonas la deforestación y la degradación ambiental también profundizan las brechas de desigualdad. Cuando se pierden los bosques, los manglares y las fuentes hídricas, las mujeres, los campesinos y las familias indígenas que dependen directamente de los recursos naturales son quienes más sufren.
Es importante que construyamos una agenda sólida y participativa que permita hacer frente a la deforestación y la degradación ambiental en La Guajira.
Desde mi experiencia territorial, considero fundamental que esta agenda contemple las siguientes acciones:
- Implementar programas de restauración ecológica participativa, que involucren activamente a las comunidades locales en el cuidado y recuperación de sus ecosistemas.
- Promover la plantación de especies nativas de manglar, bosque seco y vegetación ribereña, a través de viveros comunitarios gestionados por la misma población.
- Brindar apoyo técnico y acompañamiento profesional—de biólogos, ecólogos y expertos en restauración—que garanticen la adaptabilidad climática de las especies y la sostenibilidad de los procesos.
- Fortalecer el conocimiento ancestral y las capacidades locales, formando veedores ambientales con enfoque diferencial, que integren saberes tradicionales y ciencia para proteger el territorio.
Cordialmente,
Beatriz Salas
Carta inspirada en el ensayo fotográfico "¿Un futuro sin glaciares?"
Andrea Sánchez (23 años, Venezuela)
Nacida y criada en Mérida, Venezuela, Andrea creció entre la ciudad y las montañas, lo que forjó su respeto y amor por la naturaleza. Actualmente estudia comunicación social en la Universidad de Los Andes. Le apasiona la capacidad de contar historias que tienen el potencial de transformar realidades. Su carta inspirada en el ensayo fotográfico "¿Un futuro sin glaciares?" cuenta de forma muy emotiva, cómo Mérida, su ciudad natal, se convirtió en el primer pueblo de la cordillera andina en quedarse sin glaciares. Valeria expone con urgencia las alternativas para preservar estos ecosistemas en otras regiones de América Latina.
Estimado ministro de Ecosocialismo Sr. Ricardo Molina,
Le escribo desde la “eterna ciudad de las nieves”. La misma que Don Tulio Febres Cordero retrató en su historia, hace 130 años, con las Cinco Águilas Blancas (en honor a nuestros picos blanquitos). De aquí soy, de la cadena montañosa más importante de Venezuela; la Sierra Nevada de Mérida.
En el ensayo fotográfico "¿Un futuro sin glaciares?" publicado en la revista Harvard Review of Latin America, se muestra cómo en la Cordillera Blanca de Perú el agua de los ríos ha sido contaminada por un drenaje ácido que soltaron las rocas tras la exposición que se generó por el deshielo progresivo que están sufriendo sus glaciares. Esos ríos que con su azul dieron lugar a grandes asentamientos, ahora solo dejan tonos amarillos y una gran incertidumbre en los pobladores que se han quedado sin su principal fuente para subsistir.
Siento el dolor de Perú porque el problema ya está en casa. Mérida se quedó sin glaciares. La Corona, el último en descongelarse, perdió el 50% de su superficie en tan solo cuatro años y se convirtió en un “parchecito” que destila el fin de su vida.
El retroceso de los glaciares en nuestra ciudad a su vez está obligando una sucesión vegetal y animal en las especies para adaptarse a las nuevas temperaturas. Esta alteración acelera la pérdida de los humedales y turberas, que son los principales reservorios hídricos de la región andina de Venezuela.
La consecuencia directa de estos cambios es la vulnerabilidad crítica de nuestro suministro de agua dulce y la degradación irreparable de la vida del páramo. Es por eso que entendiendo que nuestras acciones pueden mitigar los daños ocasionados por los efectos del calentamiento global, propongo las siguientes medidas:
- Dar a los agricultores capacitaciones técnicas para que se inicie una transición agroecológica y se adopten prácticas sostenibles que eviten el drenaje de humedales, la erosión de los suelos y la contaminación del agua.
- Reforzar la vigilancia y las prohibiciones en áreas protegidas para que los visitantes no boten basura ni dañen los ecosistemas, sino que se promueva un turismo amigable.
- Organizar grupos participativos para cercar, cuidar y restablecer los humedales que se encuentren en peligro.
- Implementar charlas, talleres y campañas de sensibilización para educar a la población sobre la importancia del páramo como fuente hídrica y por qué debemos ser sus guardianes.
Hoy somos parte de una cordillera andina con dificultades que reflejan el daño que le hemos hecho a nuestro planeta. Aún estamos a tiempo de empezar a trabajar y lograr un cambio global que empiece desde lo local.
Le agradezco por su tiempo y espero que estas medidas sean tomadas en cuenta porque nuestro futuro está en nuestras manos.
Atentamente,
Andrea Sánchez
Categoría Bosques
Carta inspirada en el reportaje "'El tiempo es agua': Una alianza indígena transfronteriza trabaja para salvar la Amazonía"
Kelvin Criollo (24 años, Ecuador)
Perteneciente a la nacionalidad Siona en la Amazonía del Ecuador, Kelvin cursa una licenciatura en derecho en la Universidad Católica de Cuenca-UCACUE y una segunda en administración ISTEC-PUCE AMAZONAS. Su motivación es profunda: fortalecer la defensa de los derechos de su pueblo y de la naturaleza. Como dirigente juvenil electo de ONISE y líder en la CONFENIAE, Kelvin canaliza su energía en fomentar la unidad y el bienestar entre los pueblos indígenas amazónicos. Su carta sustentada en el reportaje "'El tiempo es agua': Una alianza indígena transfronteriza trabaja para salvar la Amazonía" demuestra su compromiso como joven indígena para defender los territorios amazónicos y preservar las tradiciones de los pueblos originarios.
Remando por bosques inundados y lagunas vivas
Señora Magister
María Luisa Cruz Ministra de Ambiente, Agua y Transición Ecológica-MAATE
Señora Magister
Inés Manzano Ministra de Energía y Minas-MEN
Les saludo con respeto y esperanza desde el noroeste de la Amazonía, territorio ancestral de mi pueblo Siona. Soy Kelvin Criollo, joven indígena que desde niño ha aprendido a valorar los bosques y ríos que son la esencia misma de nuestra cultura, espiritualidad y vida. Escribo estas palabras con la voz y el compromiso de mi generación, deseando que lleguen a quienes tienen la responsabilidad de proteger lo más preciado que tenemos: nuestros bosques y lagunas.
Crecí acompañado de mis abuelos, guardianes del conocimiento y sabios líderes de nuestra nacionalidad, quienes me enseñaron que Jaira (laguna grande en bai coca) no es solo agua, sino corazón de nuestra tierra y alma de nuestra identidad. Allí descubrí cómo nuestra conexión espiritual con la naturaleza guía nuestros pasos y fortalece nuestra lucha diaria para conservar el bosque y la diversidad que lo habita. Sin embargo, hoy veo con profundo dolor cómo este bosque, fuente de vida y cultura, está siendo amenazado. Las políticas extractivistas han contaminado nuestros ríos y destruido las fuentes hídricas, provocando que la laguna se seque y que muchas especies desaparezcan.
Este daño ambiental no solo mata la biodiversidad, sino también nuestra esencia espiritual y el derecho a una vida digna como pueblos originarios. “El tiempo es agua”, artículo dedicado a dos líderes indígenas, Domingo Peas y Wrays Pérez, con quienes me identifico y comparto una profunda preocupación: en nuestra tierra, el tiempo se nos escapa.
Por eso, hago un llamado urgente para que nuestras voces sean escuchadas; somos quienes habitamos y protegemos cada árbol, cada río, cada forma de vida en el bosque y las cuencas sagradas de la Amazonía.
En virtud del Artículo 57 de la Constitución, que consagra los derechos colectivos, y del Artículo 71, que reconoce los derechos de la naturaleza, nuestra lucha trasciende lo humano y se convierte en un compromiso con todos los seres que habitan este territorio: los peces, las aves, los delfines, los jaguares y la infinidad de vidas que dependen del delicado equilibrio del bosque. Proteger la Amazonía es salvaguardar la vida en su totalidad y preservar la herencia de nuestras futuras generaciones. Por ello, con profunda convicción y respeto, les invito a asumir estas responsabilidades y atender las siguientes peticiones:
- Protección legal y efectiva de las fuentes hídricas: Solicitar la declaración y resguardo de las nacientes y fuentes de agua, garantizando la participación directa de los pueblos indígenas en su gestión y vigilancia.
- Monitoreo ambiental público y sanción a empresas contaminantes: Proponer la creación de un sistema transparente que permita el monitoreo participativo de las actividades extractivas y la aplicación rigurosa de sanciones a quienes dañen el entorno.
- Restauración ecológica con saberes ancestrales y desarrollo sostenible: Impulsar programas estatales para recuperar territorios degradados, integrando el conocimiento indígena y promoviendo economías sostenibles que beneficien a las comunidades.
Agradezco profundamente la oportunidad de compartir nuestra experiencia y compromiso, con la confianza de que estas palabras sean acogidas con el corazón abierto y la voluntad de transformar la realidad. Los bosques y lagunas amazónicas no son sólo recursos naturales, son territorios vivos, con memoria y futuro, que necesitan protección urgente.
Atentamente,
Kelvin Criollo
Dirigente de la Juventud de la ONISE
Carta inspirada en el reportaje "El proyecto privado de carbono en el Pacífico colombiano que se traslapa con territorios afro"
Martina Egas (17 años, Ecuador)
Nacida en Quito, Ecuador, Martina actualmente divide su tiempo entre su entrenamiento de tenis en la Academia Ludotennis y sus estudios en el colegio La Condamine. Para ella, la naturaleza representa un espacio de seguridad y paz, considerándola un refugio personal al que puede acudir. Su carta inspirada en el reportaje "El proyecto privado de carbono en el Pacífico colombiano que se traslapa con territorios afro" es un testimonio sensible sobre el impacto de la emergencia climática sobre los territorios afrocolombianos.
Estimado Embajador André Corrêa do Lago, presidente de la COP30:
Me dirijo a usted como una joven ecuatoriana mostrando mi preocupación frente a la crisis climática acompañada de sus impactos sociales. Aunque hay varios proyectos con el objetivo de proteger bosques o reducir el cambio climático, algunos de estos proyectos terminan creando problemas sociales o legales.
Uno de estos proyectos sería el proyecto Tángara REDD+, situado en el Pacifico colombiano, buscando conservar 14.200 hectáreas de bosques y manglares en el cual se ha vendido más de un millón de bonos de carbono. Sin embargo, investigaciones periodísticas tratan con líderes de unas comunidades afrocolombianas donde afirman que las tierras implicadas en el proyecto Tangara les fueron entregadas por el estado colombiano en los noventa. Se dio a cabo un desacuerdo [con] las comunidades afrocolombianas, diciendo que son territorios colectivos que les pertenece. Por otro lado la empresa Tangara Forest dice que las tierras son predios privados. Al no llegar a un acuerdo, se pasó a manos de la justicia.
Los manglares son valiosos tanto como para el ambiente y su gente. Pero si los proyectos de carbono no respetan el ambiente o las comunidades, terminarán creando conflictos y desconfianza.
A pesar de que este conflicto tiene lugar en Colombia, me involucro al tener en mi país ecosistemas similares como los manglares de esmeralda y el golfo de Guayaquil además de proyectos REDD + en la Amazonía. Comunidades de diferentes localidades podrán vivir los mismos conflictos si no se respetan los derechos de las comunidades. Y, al no cuidar del medio ambiente, habrán problemas sociales y ambientales, afectando a nivel mundial.
Para evitar estos conflictos junto a repeticiones futuras, propongo las siguientes medidas frente a esta situación:
- Mejor regulación del mercado de carbono en Latinoamérica, asegurando que todos los proyectos respeten los derechos colectivos y consulta previa.
- Crear un registro público de proyectos REDD+, que se verifique bien los datos de las tierras oficiales de igual manera con los beneficiarios y compradores de los bonos.
- Distribuir de manera justa los beneficios, destinando un porcentaje directo a las comunidades que conservan el ecosistema.
- Impulsar proyectos de carbono, gestionados por pueblos afrodescendientes e indígenas, evitando que intermediarios concentren los ingresos.
- Relacionar las acciones de mitigación con la justicia social, siguiendo los ejes prioritarios de la COP30 que buscan una acción climática que promueva bienestar en vez de desigualdad.
Ya existen proyectos comunitarios en Ecuador y otros países amazónicos que demuestran que es posible combinar conservación y justicia social. El objetivo de mi propuesta es fortalecer estas prácticas a nivel regional para que América Latina sea un ejemplo de acción climática inclusiva justa y transparente.
La COP30 es una gran oportunidad para mejorar las fallas de unos que otros. Creo que la acción climática debe ser respetada, [debe ser] justa e inclusiva.
Gracias por su tiempo de atención. Espero que nuestra voces sean escuchadas en Belém y que se conviertan en compromisos concretos para ayudar al planeta.
Atentamente,
Martina Egas
What happens when a government totally dismantles environmental monitoring?
This project will look at three vulnerable groups of workers: domestic workers, commuters, and...
Melting glaciers bring new problems to downstream communities in Peru.
How Indigenous governance is effective in defending Amazon territories
Understanding whether carbon offset projects are operating correctly