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Historia Publication logo May 13, 2020

Se achican los bosques y se seca una isla

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Los ríos como el Gombeni casi se han secado en la temporada de sequía en Anjouan, parte de las Comoras. Foto por Tommy Trenchard/The New York Times. Comoros, 2019.
Los ríos como el Gombeni casi se han secado en la temporada de sequía en Anjouan, parte de las Comoras. Foto por Tommy Trenchard/The New York Times. Comoros, 2019.

COMORAS — Cientos de mujeres acuden a las orillas del río cada semana para fregar montones de ropa sucia. Alguna viajan horas desde diminutas aldeas para tener acceso a un recurso crítico, pero cada vez más en peligro aquí en la isla de Anjouan: el agua.

La isla, parte de la nación de las Comoras frente a la costa de África Oriental, recibe más lluvia anual que la mayoría de Europa. Pero una combinación de deforestación y cambio climático ha provocado que la mitad de sus ríos permanentes dejen de fluir en la estación seca.

Desde los años 50, la isla ha estado desmontando bosques para dar paso a tierras de cultivo y, en el proceso, trastocó un delicado ecosistema. Con tantos árboles y plantas talados, el agua que normalmente recolectarían e iría de vuelta a la tierra y los ríos está desapareciendo. Las familias ahora luchan por satisfacer sus necesidades domésticas, y los agricultores encuentran cada vez más difícil irrigar sus campos.

“Hemos perdido 40 ríos permanentes en los últimos 50 años”, dijo Mohamed Misbahou, director técnico de Dahari, una organización sin fines de lucro centrada en la reforestación de tierras. “En algunas partes del país ahora hay un gran problema para obtener agua”.

Los ríos en proceso de secarse de Anjouan son parte de los problemas ambientales en la isla y un ejemplo de cómo las naciones en desarrollo con cada vez más bocas qué alimentar están batallando ante el cambio climático, la deforestación el crecimiento poblacional.

La población de las Comoras se ha más que duplicado desde 1980, a poco menos de un millón de personas. Después de independizarse de Francia, en 1975, el país experimentó una de las tasas de deforestación más vertiginosas del mundo.

Se perdieron grandes extensiones de “bosques nubosos”, llenos de líquenes, musgos y árboles diseñados para actuar como esponjas —absorbiendo la espesa condensación en el aire y liberándola al suelo del bosque, donde el agua encontraba su camino a los ríos.

De 1995 a 2014, el 80 por ciento de la cubierta forestal restante del país fue talada, trastocando las vías fluviales y dejando el suelo, antes fértil, expuesto a la erosión y la pérdida de nutrientes vitales. Los cultivos han disminuido.

COMORAS — Cientos de mujeres acuden a las orillas del río cada semana para fregar montones de ropa sucia. Alguna viajan horas desde diminutas aldeas para tener acceso a un recurso crítico, pero cada vez más en peligro aquí en la isla de Anjouan:el agua.VERSIÓN IMPRESA

La isla, parte de la nación de las Comoras frente a la costa de África Oriental, recibe más lluvia anual que la mayoría de Europa. Pero una combinación de deforestación y cambio climático ha provocado que la mitad de sus ríos permanentes dejen de fluir en la estación seca.

Desde los años 50, la isla ha estado desmontando bosques para dar paso a tierras de cultivo y, en el proceso, trastocó un delicado ecosistema. Con tantos árboles y plantas talados, el agua que normalmente recolectarían e iría de vuelta a la tierra y los ríos está desapareciendo. Las familias ahora luchan por satisfacer sus necesidades domésticas, y los agricultores encuentran cada vez más difícil irrigar sus campos.

“Hemos perdido 40 ríos permanentes en los últimos 50 años”, dijo Mohamed Misbahou, director técnico de Dahari, una organización sin fines de lucro centrada en la reforestación de tierras. “En algunas partes del país ahora hay un gran problema para obtener agua”.

Los ríos en proceso de secarse de Anjouan son parte de los problemas ambientales en la isla y un ejemplo de cómo las naciones en desarrollo con cada vez más bocas qué alimentar están batallando ante el cambio climático, la deforestación el crecimiento poblacional.

La población de las Comoras se ha más que duplicado desde 1980, a poco menos de un millón de personas. Después de independizarse de Francia, en 1975, el país experimentó una de las tasas de deforestación más vertiginosas del mundo.

Se perdieron grandes extensiones de “bosques nubosos”, llenos de líquenes, musgos y árboles diseñados para actuar como esponjas —absorbiendo la espesa condensación en el aire y liberándola al suelo del bosque, donde el agua encontraba su camino a los ríos.

De 1995 a 2014, el 80 por ciento de la cubierta forestal restante del país fue talada, trastocando las vías fluviales y dejando el suelo, antes fértil, expuesto a la erosión y la pérdida de nutrientes vitales. Los cultivos han disminuido.

“Ha habido una gran reducción en la producción agrícola, y eso conduce a la inseguridad alimentaria”, dijo Ahmed Ali Gamao, un contratista del Ministerio de Medio Ambiente de las Comoras, que supervisa un proyecto financiado por las Naciones Unidas para restaurar la cubierta forestal y ayudar a los agricultores.

El proyecto ha ayudado a mejorar la recolección de agua de lluvia y ha plantado más de un millón de árboles en los últimos cuatro años, centrándose en especies capaces de resistir los cambios climáticos.

En la aldea de Mnadzishumwé, ubicada en medio de huertos de plátanos y clavo en el extremo sur de Anjouan, ya hay un sistema de racionamiento.