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Story Publication logo December 18, 2020

'Behind deforestation there is a long-term plan'

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Aerial shot of indigenous community in the Amazon.
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This project is a journalistic collaboration between La Silla Vacía and FCDS (Fundación para el...

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Aerial shot of Colombian Amazon
Aerial shot of the Colombian Amazon. Image by Vaclav Sebek/Shutterstock.

La deforestación es un problema. Un problema grave en Colombia, y aún más grave cuando se está dando en la Amazonía.  La destrucción de ese pedazo de bosque donde se concentra la diversidad genética del país puede provocar un desabastecimiento de agua, un riesgo que se acrecienta el calentamiento global.

Rodrigo Botero, el director de la Fundación y el Desarrollo Sostenible, y una de las personas que más sabe de este tema, lleva meses denunciando la devastación de la selva, que ha visto con sus propios ojos en los sobrevuelos de la Amazonía y que quedan en evidencia en las fotos y videos que tomó y que aparecen en esta entrevista.

Su advertencia es particularmente preocupante: el Estado -desde el nivel nacional, regional y local- la está provocando con su inversión en vías que más que conectar lugares claves están facilitando la apropiación ilegal de tierras. 

La Silla lo entrevistó, como parte de una serie sobre la deforestación en la Amazonía y sus impactos financiada por el Amazon Fund y el Pulitzer Center.

La Silla Vacía: Usted ha hecho en los últimos días una alerta muy grande sobre la deforestación en la Amazonía. ¿Por qué está tan preocupado?

Rodrigo Botero: La alerta adicional que cambia un poco la lectura que yo vengo haciendo sobre este proceso en los últimos 20 años es que veo que estamos llegando a áreas que pueden tener un mayor impacto al que hasta ahora hemos tenido porque son áreas que tienen una sensibilidad ambiental muy alta. No es la misma que las zonas más cercanas a las cordilleras que tienen un poco más de resiliencia.

Estamos empezando a tocar con más fuerza áreas con poblaciones muy vulnerables, sean campesinas o indígenas.

Hay otra señal grande y es que, a diferencia de antes, ahora hay una mayor entrada de capitales que están invirtiendo de una manera consistente y concentrada en zonas de reciente deforestación.

Esa inversión obviamente me significa un plan, un plan de largo plazo, que hay indicadores de hacia dónde van.

En ese orden de ideas, si van a entrar en zonas más débiles, afectando poblaciones más vulnerables, y se ven más grandes capitales, eso es una señal de alarma.

L.S.V.: ¿Qué le hace pensar que se trata de un plan y no de unos campesinos que deforestan de manera aislada?

R.B. Porque se viene dando un proceso de inversión pública de gran escala, que está ampliando la frontera agropecuaria. Y esa frontera agropecuaria se está dando, en particular, con la inversión en la expansión de los planes viales departamentales.

Esos planes viales departamentales están empezando a conectar con carreteras ilegales o informales que, a su vez, están dentro de la zona de la ruptura de la frontera agropecuaria donde están hoy por hoy los bosques que deberíamos conservar y preservar como país.

L.S.V.: ¿Qué ejemplo tiene de esa conexión de carreteras financiadas con plata pública que conectan con carreteras ilegales?

R.B. El caso más visible es el del Guaviare, en donde hay conexión entre vías que tienen inversión pública con vías informales o ilegales y que están ampliándose en la zona de mayor deforestación. Ese es un caso concreto.

Otro ejemplo está entre Meta y Caquetá. También allá hay una inversión importante, una expansión importante de carreteras hacia zonas de deforestación y colonización.

Igualmente hay otra zona en el Caquetá, entre Cartagena del Chairá, hacia el área del Caguán donde también hay unas carreteras que están conectando con zonas de mayor sensibilidad.

Hay áreas de norte a sur donde hay una relación directa entre inversión en vías, aumento del hato ganadero, aumento de la deforestación y concentración de la deforestación.

"El fin último de la deforestación es la apropiación de la tierra" -RODRIGO BOTERO

L.S.V.: ¿Es decir que la deforestación está impulsada por el mismo Estado, indirectamente, con el fin de aumentar la productividad?

R.B. Es para apropiarse de la tierra. El fin último es la apropiación de la tierra. Para ello se dan procesos de inversión en vías que le dan accesibilidad a estas nuevas tierras y para ellos tú pones unas vacas encima o unos cultivos de coca.

L.S.V.: ¿Lo que usted quiere decir, es que el Estado, es cómplice de esos apropiadores de tierras y conectan las vías para eso? o ¿están tratando de conectar al país para llevar al desarrollo y eso crea unas condiciones que hace más fácil la apropiación de tierras?

R.B. Son ambas cosas. Yo creo que hay un Estado a nivel regional que, en algunas áreas, está cooptado y que funciona en relación a los propósitos de consolidar ese proceso de apropiación de tierras.

Esa inversión es la que está permitiendo la apertura de esos nuevos frentes de deforestación y apropiación de tierras, claramente.  La diferencia está entre hacer una red vial para ampliar la frontera, que es lo que yo veo, y otra cosa es utilizar platas para consolidar una red en zonas donde legalmente y además por necesidades locales, tendrían esa necesidad.

Yo veo una gran cantidad, cientos de kilómetros vueltos nada, que podrían tener mejoramiento vial para mejorar la productividad en áreas legales. Pero están mandando la plata para abrir nuevos frentes de colonización.

Con otro factor: si mira la relación de los socios inversionistas de esas campañas de esos gobernadores, de estas alcaldías y la apropiación de tierras en zonas donde se ponen las carreteras, la ve más clara.

Ahí es donde uno se puede preguntar si hay cooptación, porque es utilizar con un brazo legal la inversión pública y con el otro brazo, el ilegal o informal o privado, la apropiación de tierras.

L.S.V.: ¿Cuál es el rol del Gobierno nacional en todo este proceso?

R.B. Yo creo que puede haber también penetración de este modelo de expansión agropecuario y agroindustrial en algunos niveles del Estado central.

Mire el ejemplo de algunos viceministros de transporte que van a esas regiones deforestadas, y le dicen a la gente que ‘tranquilos, que por aquí vamos a conectarlos con el resto del país, que ustedes también son colombianos, que ustedes están haciendo patria’.

Ese es el discurso más perverso que puede existir. Cualquier viceministro sabe que no hay ningún punto de equilibrio económico para hacer una carretera que llegue por ejemplo hasta Mitú, Vaupés, a menos de que usted lo que tenga es ganas de hacer una ampliación y una incorporación de tierras al mercado agropecuario y tener acceso a recursos estratégicos, ya sean mineros o de hidrocarburos. Yo creo que eso es lo que está pasando ahí.

L.S.V.: ¿Hay más ejemplos?

R.B. Hay tres cosas que son claves.

Uno es el plan nacional de desarrollo del gobierno de Juan Manuel Santos, cuando dijo que la Orinoquia llegaba hasta el Vaupés. Haber involucrado al Guaviare, Guainía, Vaupés dentro de la Orinoquia es la tendencia de economistas del piso 33 del Departamento de Planeación Nacional diciendo que eso se tiene que volver minería y ganado. Esa mirada existe dentro de un grupo de economistas muy “lúcidos” del país.

Segundo, hay que ver y buscar la intervención de un viceministro de transporte que no sé si fue este año o el año pasado, que fue a Mitú y dijo estoy aquí en el corazón de la Orinoquia pero no se preocupen que los vamos a conectar con el resto del país. Entonces, es donde uno empieza a ver gobernaciones como las del Guaviare y Caquetá haciendo esa conexión de carreteras.

Y la tercera y la más famosa, es la del gobernador de Guaviare, Nebio Echeverry, cuando le dijo al presidente Duque el año pasado ‘necesitamos que nos haga esta carretera para darle salida a la pobre gente del Vaupés’ y ahí en esa carretera es donde uno ve que están los núcleos más importantes de deforestación, de apropiación ilegal de tierras y muy seguramente de incorporación de dinero de diferentes fuentes, incluyendo las de lavado de activos.

L.S.V.: Usted dice que los lotes que surgen en los actuales procesos de deforestación son de 200 y 300 hectáreas, ¿Cómo era antes y cómo es ahora?.

R.B. Hay grupos de campesinos con los que trabajamos temas de forestería comunitaria, que es el clásico ejemplo de campesinos pobres sin tierras que tumban entre dos a tres hectáreas por año para renovar sus suelos, liberar unas áreas compactas y degradadas, y volver los pastos para su ganado.

Ellos pueden tumbar entre dos o tres hectáreas al año en promedio; cien usuarios de forestería comunitaria, que ocupan un área que puede estar cerca de las 70 mil hectáreas, no alcanzan a tumbar lo que tumba una sola persona que está abriendo un lote de estos gigantes que están entre Calamar y Miraflores, para abrir la frontera con el Vaupés.

¿Qué es lo que encontramos? Que cada vez más, en los últimos 5 años, empieza a haber un número mayor de lotes de más de 50 hectáreas, que ya de por sí es una cifra muy grande, y le explico por qué: no sólo por el promedio de campesinos que exige, sino por el valor de lo que significa deforestar con un animal.

Si usted junta un animal a deforestar una hectárea, para ponerle pasto usted puede estar hablando de dos millones de pesos por hectárea con animal y pasto al año. Eso significa que está poniendo más de 100 millones de pesos por cada 50 hectáreas que tiene.

Ahora hay una alta aparición de nuevas fincas de gran tamaño, que están por encima de ese número estándar de hasta 50 hectáreas, que era lo que tumbaban originalmente los pobladores locales.

Desde que empieza esta fiebre de la apropiación de tierras, desde el 2017 hasta la fecha, el número de lotes de más de 50 hectáreas empieza aumentar exponencialmente en todo el arco de la deforestación Y eso aumenta indistintamente en resguardos indígenas invadidos, en parques nacionales invadidos y en zonas de reserva forestal.

L.S.V.: Uno de los supuestos logros del acuerdo de paz era lo del catastro multipropósito, ¿eso cómo impacta en esas zonas deforestadas?

R.B. En el gobierno de Santos yo no podía creer que lleváramos dos años de acuerdo y no se hizo una hectárea de catastro, eso me dejó desinflado. Pero empezó este gobierno, pasaron otros dos años y tampoco.

Sin embargo, aparece ahora la cooperación internacional que dice ‘oiga, hay evidencia en el mundo que menciona que el tema del medio ambiente y tierras va junto, estamos dispuestos a ayudarles a poner plata para el catastro’ y nosotros desde esta región brincamos y les pedimos que por favor metieran esa plata para el catastro en el arco de la deforestación.

Sé que entre el Reino Unido, la Usaid y el Banco Mundial ya tienen una plata para hacer el catastro multipropósito en los municipios alrededor del arco de la deforestación y eso es muy importante.

L.S.V.: ¿Por qué?

R.B. Con eso vamos a poder tener la información de uso y ocupación del territorio, es el primer paso. A mí hay algo que me duele y es el tema de las tierras baldías de la Nación, que son las que nos pertenecen a todos.  Si no se les hace seguimiento, las vamos a seguir perdiendo y no vamos a decir nada.

Hay que meter esas tierras en el catastro también.  Este país no tiene incorporado en una base catastral las zonas baldías no deforestadas, eso es igual a estar en la edad de piedra.

Ahora tampoco todo está mal. Este Gobierno ha hecho algo que para mí puede ayudar en esa tarea de vigilar y controlar esos baldíos.

A través de la Agencia Nacional de Tierras le cambió la interpretación a una ley de más de 60 años, que decía que las reservas forestales eran una cosa intocable, ahora se habla que se pueden usar sin perder el control o hacer el control de la propiedad por medio de los contratos de uso para mantener los bosques.

Palabras más palabras menos, se puede hacer una economía por estar manteniendo esos bosques que son de la Nación pero con un usuario privado, eso es una revolución que nos costó medio siglo.

'El marco jurídico todavía sigue pensando que el delito es cortar el árbol y no está viendo el determinador' -RODRIGO BOTERO

L.S.V.: ¿Por qué es tan revolucionario?

R.B. Porque cuando usted genera derechos de uso para mantenimiento del bosque con comunidades puede existir la posibilidad, como todo en la vida, de que esa comunidad gracias al derecho que tiene, haga todo lo que esté de su alcance por mantener esa unidad de ese pedazo de tierra porque van a ser suyas durante los próximos 50 años. Es lo que leemos del ejemplo de Guatemala, Perú, Honduras, México y Brasil.

Es un modelo de utilización selectivo y de baja intensidad.

L.S.V.: Duque saca pecho en escenario internacionales de su lucha contra la deforestación, ¿Tiene razón?

R.B. Yo creo que genuinamente él tiene algún interés en el tema de los bosques. Y hay esfuerzos que valen la pena mencionar; por ejemplo, lo de los contratos de uso por primera vez en mucho tiempo; yo veo que se está valorando el tema de transporte intermodal para la Orinoquía; me sorprende que ya haya una agencia nacional naviera que se está preguntando si puede haber estudios para que miremos navegación fluvial a Guaviare, antes que pensar en carreteras.

Hay cosas que están pasando. La cooperación internacional ha hecho un esfuerzo enorme también; ese esfuerzo político de los noruegos, los alemanes y los del Reino Unido ha sido muy grande, la plata que se le está dando a Colombia comparativamente con la que está llegando a Brasil es muy significativa y eso le ha servido mucho al país.

Pero ha sido muy cosmética la intervención y es cosmética porque parte de la narrativa, como lo hablábamos al principio, es apuntar a ser más competitivos, tratar a los campesinos como ignorantes que no saben cuidar la selva y que hay que atacar a los narcotraficantes como principales deforestadores.

En ese orden de ideas, el Gobierno Duque reacciona muy tarde y lo digo porque trabajo muy cerca de funcionarios de este gobierno y cuando uno les muestra, por ejemplo, las imágenes de las vías ilegales que están conectando con las que se han hecho con inversiones públicas esa gente entra en pánico, entra en crisis, y se preguntan cómo fue que llegamos a esto, a qué horas pasó todo. Ahí hay mucha ignorancia.

Segundo, hay un modus operandi que no depende solo del gobierno sino del sector justicia que está clarísimamente en el siglo 19 y 20 todavía.

L.S.V.: ¿De qué manera?

R.B. El marco jurídico colombiano todavía sigue pensando que el delito es cortar el árbol y no está viendo el determinador. Por eso cogen el señor con la motosierra o a la señora embarazada, que es la que le hace la comida a los aserradores.

En el Código Penal no está tipificado el delito de la deforestación y peor aún, no está tipificado el tema de apropiación de tierras ilegal. Es gravísimo, porque todo el enfoque ha estado allá y después de todo esto nos toca llegar con Naciones Unidas, con los noruegos, y decirles ‘oigan, hay que perseguir a los determinadores’. Entonces, la Fiscalía se mueve lentamente a entender lo que está pasando.

Y cuando cambiaron esa mirada, empezaron a darse cuenta de que no estaban mirando el tema del lavado de dinero, o que su capacidad es limitada: la Fiscalía sólo tiene una unidad de Derechos Humanos y medio ambiente y no una fiscalía especializada en medio ambiente por ejemplo. Esa unidad no trabaja de la mano de la de lavado de activos, es ridículo. No hay una concepción de macro casos.

L.S.V.: Es decir que el sistema como está no funciona bien…

R.B. El sistema es extremadamente lento, lento, lento.

Otro ejemplo: cuando el anterior ministro de Medio Ambiente, Ricardo Lozano, entregaba información sobre la deforestación, estaba dando información con 12 y 18 meses de retraso de tardanza con respecto a los acontecimientos. Ya cuando los investigadores de la Fiscalía iban a las zonas que mencionaba Lozano, ya no había deforestación si no fincas ya hechas. 

Yo estuve hasta el 16 de marzo viendo bosques que literalmente se estaban incinerando en ese instante; y hoy, a corte de 16 de octubre en esas mismas zonas ya encontramos fincas hechas con corrales, ganado y pasto. ¿Quién recupera esa vaina? .

Ahora, no todo depende de Duque o del que está en la Presidencia. ¿De quién dependen las investigaciones a los aforados? Dependen de la Corte Suprema de Justicia. Entonces, si seguimos buscando aserradoras y no a los aforados, que es donde están los grandes determinadores de este meganegocio, estamos jodidos.

L.S.V.: ¿Qué tienen que ver los aforados?

R.B. Hay congresistas, hay exgobernadores, puede haber militares, puede haber muchas cosas.

Si la Fiscalía no se le quiere meter al temas de los jueces de garantías para poder entrar a hacer efectiva la identificación de esos determinadores, entonces por qué no usan las funciones policivas de la Superintendencia de Notariado y Registro para quitarles las tierras o suspender los proceso de formalización. Ahí es donde está realmente el nudo gordiano.

¿Por qué siguen haciendo operativos para mostrar un motosierrista? ¿Cómo es posible que pasen 280 kilómetros de vías nuevas ilegales al frente de los militares y no pasa nada?.

Yo he visto puestos de control militar en zonas de alta complejidad y conflictividad que están encima de carreteras ilegales y no pasa nada.

L.S.V.: Y más allá de lo ambiental, ¿cuál es la relación que tiene la deforestación con enfermedades en las comunidades en el Amazonas?

R.B. Volvamos a los tiempos prehispánicos: la relación antígeno anticuerpo entre los indígenas y las poblaciones mestizas y del interior es diferente.

Entonces los anticuerpos de las poblaciones nativas no tienen en su código genético el reconocimiento de múltiples enfermedades que traíamos del mundo occidental, las mismas enfermedades que diezmaron cientos de miles de indígenas desde la época de la Conquista hasta la fecha.

Adicionalmente, son comunidades que viven en medio de una selva y la selva tiene una particularidad y es que funciona como una especie de filtro, es como una malla en la cual se quedan una cantidad de antígenos que van en la atmósfera, en el agua, la tierra, en la gente.

Eso se da por el número de interacciones que hay en la selva, los virus o bacterias van quedándose filtrados ahí en esa selva.

Como esa especie de filtro de la selva se ha ido perdiendo por la deforestación, esos patógenos están pegando directamente contra las poblaciones humanas que genéticamente no tienen todavía disposición inmunológica para aguantar el embate.

Pero si, encima, le ponemos una carga adicional de ese antígeno, la cosa es peor. ¿Cómo se lo ponemos? Pues con los migrantes.

La deforestación no llega sola, llega con colonos, llega con aserradores, llega con alcohólicos, llega con cadenas de prostitución, llega con cadenas de drogadicción. Todo ese poco de gente no solamente llega en dos patas sino que llegan con una carga de antígenos brutal y a esas comunidades que están allí, ya sin selva y además genéticamente vulnerables, pues los destrozan.

Por donde va pasando esa horda de ingenieros, contratistas, obreros, dejan enquistadas enfermedades físicas y psicológicas. 

Ahora, esa ausencia de la selva como malla protectora puede parecer un poco etérea, invisible para una sociedad tan consumista y materialista como la nuestra, pero eso está cambiando otra cosa fundamental y es que parte de la salubridad de las comunidades indígenas hoy por hoy depende no solamente de esta selva que los protege sino que los prové de alimentación balanceada.

'Parte de la salubridad de las comunidades indígenas depende no solo de esta selva que los protege sino que los prové de alimentación balanceada' -RODRIGO BOTERO

L.S.V.: ¿Qué tiene que ver la alimentación?

R.B. Las comunidades indígenas consumen una gran cantidad de antioxidantes derivados de árboles y plantas cuyas funciones, además de energía, es suministrar una gran cantidad de antioxidantes que sirven para estimular su sistema inmunológico.

Si no pueden comer pescado que les da energía y proteína para el cerebro, y si no tienen para consumir antioxidantes, y por el contrario les toca vender sus manos de obra para comprar un pan blanco con una lata de salchicha podrida, pues cómo van aguantar.

Antes, un indígena de la cuenca del río Caquetá podía consumir entre 130 y 150 gramos diarios de pescado.

Con la deforestación, eso ya no es posible.

L.S.V.: ¿Y eso tiene una conexión con el coronavirus?

R.B. Una cosa que culturalmente es tan fuerte, que viene de las cuarentenas y aislamientos que anteriormente practicaban los indígenas, es lo que está salvando algunas comunidades en el Amazonas. Pero hay otros grupos que están llevados del carajo, como los del Trapecio Amazónico frente a Leticia, que viven apeñuscados, que viven evangelizados, con casas al estilo blanco como un barrio Bogotá, con mala alimentación, poco monte, con prácticas culturales perdidas. El coronavirus se los llevó.

El coronavirus también mostró cómo efectivamente el tema cultural y de la alimentación, el bosque, las cuarentenas, el aislamiento, todo eso, sí tenía un sentido cuando llegó una vaina tan complicada como esta del coronavirus.

Por eso he insistido tanto en centrar esfuerzos de protección en el norte de la Amazonía. Es la única forma de evitar que todo esto que hemos hablado llegue a los pueblos que están en el fondo de la selva.

Toca ponerle freno a esta cosa, toca hacer hasta lo imposible, hay que hacer un acuerdo nacional.

L.S.V.: Aunque parece obvio, explíquenos por qué es tan importante proteger la Amazonía

R.B. Volvamos a una visión continental. Si estamos parados sobre el planeta Tierra y vemos abajo América del Sur, desde el océano Atlántico hacia Los Andes, de Oriente a Occidente, hay unas masas de agua que se precipitan sobre la Amazonía.

La Amazonía funciona como una especie de gran esponja, que atrapa esa agua y por su mismo proceso de evaporación y transpiración, luego vota el vapor de esa agua que se encuentra en el suelo. Ese proceso de evapotranspiración se da unas siete veces entre el Atlántico y los Andes, cuando llegan a los Andes, los que vivimos ahí tenemos agua.

De ahí es que podemos mantener todas nuestras ciudades y nuestra planificación a largo plazo. Por eso tenemos un valle del Magdalena, un valle del Cauca y otro que está sobre el piedemonte llanero en donde toda nuestra producción agroindustrial está planificada por los próximos 200 años.

Pero si no hay esa masa boscosa allí abajo, si pierde toda esa capacidad de esa esponja que está recogiendo el subibaja que viene desde el Atlántico, no va a llegar la misma cantidad de agua y vamos a empezar a tener problemas por ese desabastecimiento que poco a poco va a ser más fuerte con el calentamiento global.

En síntesis, es importantísimo porque la regulación hídrica del país depende en gran medida de que tengamos ese pedazo de bosque en ese sitio donde cae la séptima evapotranspiración desde el Atlántico.

Y lo segundo, si la gente ya no está en escala continental sino que trata de abstraer y ver su cuerpo humano como si fuera el país, lo que sucede entre los Andes, la Amazonía y la Orinoquia es como si por ese cuerpo humano fuera la columna vertebral, en donde se mueve la mayor diversidad genética que tiene el país.

Esa diversidad genética es como en la sangre: si tú le pones un torniquete a la mitad del brazo, pues la parte de abajo puede inflamarse, se pudre y se cae, así de sencillo. Mientras se pudre y se cae pasa una cosa interesantísima y es que no hay ese intercambio de un lado a otro, ese intercambio en términos biológicos es el que permite que nosotros como país tengamos esa diversidad biológica tan importante.

O sea, el famoso legado para las próximas generaciones de los colombianos depende de que mantengamos esa conectividad, esa movilidad, donde hay flujos de especies, de poblaciones y de materia, que sube y baja desde los Andes hasta las planicies de la Orinoquia y la Amazonía.

¿Y qué pasa en esos sitios dónde se está yendo el bosque? Pues es el último bosque que tenemos para conectar ese sube y baja de la biodiversidad biológica que tenemos.

Entonces tenemos un elemento climático y otro de biodiversidad, que es importante para el futuro de este país.