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Historia Publication logo November 18, 2020

Entre colonos y COVID-19: El pueblo Yuqui y su lucha para sobrevivir

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Un letrero en Bia Recuaté que dice Use Barbijo
Español

El pueblo indígena Yuqui de solo 344 habitantes, es uno de los más vulnerables del área amazónica de...

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Los Yuquis es un pueblo que aún conserva esa esencia nómada e indomable, pero a la vez muy consciente con la protección de su territorio y de sus costumbres. se puede observar su paso por la selva, siempre muy sutil, muy ligero, en armonía.
Salomon Quispe es un pescador de la comunidad Yuqui. Cada miembro de la comunidad tiene una especialidad; algunos son cazadores, otros, recolectores. Las mujeres generalmente realizan artesanías y otros como Salomon, se dedican a la pesca como actividad principal y así alimentar a sus familias. Foto de Sara Aliaga. Bolivia, 2020.

Para llegar a la comunidad de Bia Recuaté, donde vive el pueblo
Yuqui, hay que cruzar senderos y caminos estrechos que conectan varios pueblos.
Casi todas estas localidades están habitadas por colonos que llegaron desde
otras partes de Bolivia. El viaje dura unas cinco horas desde la ciudad de
Cochabamba. Luego de cruzar el Puente Roto se empieza a sentir el olor
de la humedad de la selva amazónica y uno va perdiendo la noción del tiempo.

Este mismo bosque ha sido testigo de las luchas del pueblo Yuqui contra los colonos que
intentaron arrebatarles su territorio a finales de los años cincuenta, cuando el gobierno
boliviano inició el proyecto de colonización de extensas áreas en la
provincia del Chapare. Antes de eso, el pueblo Yuqui vivía recolectando frutas,
pescando y cazando en lo profundo de la Amazonía.

En los sesenta llegaron los misioneros del grupo evangélico Misión Nuevo Tribo
(MNT), con sede en Estados Unidos. Ese
fue el primer contacto del pueblo Yuqui con el mundo de
afuera.

Según estudios antropológicos
del científico boliviano Roy Querejazu Lewis
, los yuqui recibieron nombres
bíblicos por parte de los misioneros y aprendieron
de esos religiosos a cultivar diferentes tipos de plantas.

No fue hasta mediados de los noventa
cuando
los yuqui adoptaron apellidos referentes a elementos de la selva, como
flores, frutos o animales, para fortalecer su conexión con la naturaleza y
afirmar su identidad y su cultura como pueblo de
cazadores y recolectores.

Los yuqui habitan, sobre todo, en la
comunidad Bia Recuaté, en la provincia Chapare, una región conocida por ser una
de las principales zonas de producción de hoja de coca en Bolivia. Según la
Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC) y de acuerdo
con datos del Estado Plurinacional de Bolivia, en junio del 2019 -todavía bajo el gobierno de Evo Morales- la mayor parte de esta producción estuvo vinculada con el narcotráfico.

Bia Recuaté está a unos 260 kilómetros
de Cochabamba. Este es un territorio donde conviven al menos tres pueblos
indígenas diferentes: Yuquis, Yuracarés y Trinitarios. Su territorio fue declarado
oficialmente un TCO, es decir, Tierra Comunitaria de Origen, de acuerdo
con la terminología estatal, y en los últimos años, ese nombre devino en una adaptación: TIOC,
Territorio Indígena Originario Campesino.

Existen 298 TIOC en Bolivia y
constituyen aproximadamente un 25 % de la Amazonía boliviana. Son territorios
destinados para la vida de pueblos indígenas, se distinguen de las propiedades
individuales porque están amparados en el derecho colectivo sobre el territorio
y son reconocidos como tales por la Constitución Política del Estado
Plurinacional de Bolivia y por el Convenio 169 de la OIT que
reconoce los derechos de los pueblos y los territorios indígenas.   

El TCO Yuqui-CIRI comprende 115.924.86
hectáreas en total.

El Covid-19, nuevo enemigo de los yuqui

Carmen Isategua es la cacique mayor, la autoridad máxima de la
comunidad. A sus 35 años -el rostro preocupado, la mirada inquieta-, ella
relata cómo el Covid-19 enfermó a la comunidad. “Pero no hemos muerto porque
somos fuertes,” dice.

Los yuqui son
uno de los pueblos indígenas más pequeños de Bolivia, con tan solo 360
habitantes. Según estudios
del International Work Group for Indigenous Affairs (Iwgia)
y según La Confederación
de Pueblos Indígenas del Oriente Boliviano (Cidob), el
pueblo Yuqui es considerado altamente vulnerable y está ubicado en la categoría
de Contacto Inicial.
Una categoría adicional para los yuqui los describe como población en aislamiento voluntario.

Bajo los criterios de vulnerabilidad construidos con el aporte de
varias instituciones y validados
por la CIDOB
, se identifica al pueblo Yuqui como el de mayor vulnerabilidad
del territorio boliviano, priorizando los criterios inmunológicos o de salud, y
el criterio territorial.

Los yuqui reconocen
que la amenaza a sus territorios ya no es la única que deben enfrentar. La precaria atención
de salud, que ya arrastra una cadena de enfermedades como
la tuberculosis, que mermó a una parte de su población, se agudizó desde que llegó la pandemia de la Covid-19.

A pesar del
optimismo de Carmen, según el Secretario de Salud de Bia Recuaté, Leandro
Quispe, hasta finales de octubre se habían registrado 19 casos de contagio y un
muerto en la comunidad. La Covid-19 preocupó también a la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), que en junio advirtió mediante su cuenta oficial en
Twitter
que el pueblo Yuqui está en “grave riesgo” por la pandemia, “que
podría representar un grave riesgo para la supervivencia del pueblo indígena”.

La enfermedad y la muerte son asuntos de todos

Cuando un familiar yuqui está internado en algún hospital fuera de
la comunidad -nos contó Carmen-, los miembros de la comunidad acostumbran a acompañar al enfermo hasta que reciba el alta. Carmen se molesta mucho ante la
incomprensión de los abba (en la lengua Yuqui, este vocablo nombra a
las personas externas a la comunidad) y de los médicos, porque no les
permiten quedarse junto al enfermo. “Cuando nos enfermamos no va uno, va toda
la familia a vigilarle porque esa es nuestra costumbre. En cambio, los abba se
enferman y lo dejan a sus parientes. Nosotros no somos así. Se enferman y los
perseguimos. Les miramos qué le están haciendo, hacemos el seguimiento de
ellos, estamos al lado de ellos”, reclama enérgica.

Al llegar a la comunidad nos encontramos con muy
pocas familias.
La mayoría de las casas estaban
vacías y con un candado en la puerta. Los vecinos que aún estaban ahí nos
decían que algunos habían ido al bosque a cazar
o a pescar. “Es casi que imposible saber dónde un Yuqui se va a encontrar
mañana. Son libres y no siguen lógicas citadinas -nos explicó el líder yuqui Abel Laira-, se van de un momento a otro, desaparecen y no hay cómo ubicarlos porque no hay señal para llamarles.
Algunos se van para el monte y otros a lugares que no se sabe”.

Los yuqui tienen una visión colectiva muy profunda de la muerte. La
muerte de una persona se convierte en una pena que involucra a toda la
comunidad. Como muestra de respeto y dolor por el luto, los miembros de la comunidad
pueden dejar de comer durante días. “Es una tristeza
recordar, muy doloroso. Un hermano que perdamos aquí es como perder cien yuquis”, cuenta Jhonathan Isategua, un hombre de
52 años, ex cacique de la comunidad.

Para el pueblo Yuqui, la llegada de la pandemia causó mucho miedo al
principio. Como ocurrió con muchos otros pueblos indígenas amazónicos, los
yuqui usaron la estrategia de aislamiento voluntario para evitar contacto con
personas de afuera de
su comunidad. Pero esta medida  también devino en una grave crisis
alimentaria. Al cumplir con el aislamiento, los dirigentes no pudieron salir a
comprar los alimentos que distribuyen comúnmente entre los pobladores de la
comunidad. Ese déficit en sus rutinas alimentarias provocó su debilitamiento y
el estado de salud ya vulnerable de muchos comuneros empeoró.

El temor por el nuevo coronavirus se sumó a los varios casos de
tuberculosis, anemia y micosis que hay entre los miembros de la comunidad.

Luchando por la luz

Aunque Bia Recuaté es una comunidad que conserva las tradiciones de cazar, pescar y
recolectar frutas, su alimentación se complementa con el consumo de otros
productos que requieren de refrigeración, pues el intenso calor de la Amazonía
acelera la putrefacción de los alimentos. Pero aquí no hay energía
eléctrica. El único punto de conexión a la electricidad y a internet que tienen
los yuqui está en un pequeño corredor del aula del colegio. Un cable alargador
de tres enchufes sirve para que los pocos que tienen un teléfono celular, entre
ellos el personal de salud, recargue la batería de sus aparatos electrónicos y
se conecte a internet de manera intermitente.

Algunos jóvenes creen que es indispensable tener
energía eléctrica, pero la cacique mayor, Carmen Isategua, cree que esto afectaría a la economía
de las familias que no tienen recursos para pagar las facturas mensuales,
resultado del congelamiento de sus recursos con la implementación del
Plan de Manejo de territorio TCO Yuqui-CIRI, un instrumento que
establece el aprovechamiento sostenible y legal de los recursos forestales del
territorio indígena.

La profesional de salud de la comunidad, Gimena Torrico, dice que
más importante que la energía eléctrica es el agua potable. “Si bien cuentan
con agua del rio Chimoré, solo les sirve para bañarse y lavar ropa”, explica.
El río está contaminado a causa de las aguas servidas provenientes de pueblos
aledaños, como Chimoré
y varios pobladores han reportado ya constantes molestias estomacales.

El narcotráfico

Como parte
del mismo territorio amazónico, el pueblo Yuqui y el pueblo Yuracaré comparten
recursos forestales de su TCO Yuqui-CIRI.

El aprovechamiento de los recursos del TCO ha sido planificado de
forma sostenible y responsable. Con apoyo de la Usaid (La Agencia de
Estados Unidos para el Desarrollo), ingenieros forestales y la Organización
Indígena Forestal (OIF) Yagua Samu, que se encarga de la administración del Plan de Manejo y del censo
forestal, se ha calculado cuántos y qué árboles se puede talar y cuáles no
se debe tocar, para preservar el equilibrio ecológico de la selva.

El Plan de Manejo establece el aprovechamiento legal de los recursos
forestales del territorio a través de mecanismos y procedimientos técnicos
avalados por La Autoridad de Fiscalización y Control Social de Bosques y Tierra
(ABT).

Estos recursos sirven para solventar gastos dentro de la
comunidad como la subvención de alimentos que se le da a cada familia cada
lunes, la manutención de niños del internado y medicamentos que faltan en la
posta médica.

Pero actualmente el Plan de Manejo se encuentra
congelado debido a varios desacuerdos y conflictos entre los dos pueblos
indígenas, luego de que
la población yuqui denunciara la existencia de cultivos ilegales de coca, narcotráfico y tala ilegal de madera en el área correspondiente a los yuracaré.

El ex
cacique Jhonathan Isategua no teme alzar la voz a
pesar de los riesgos: “Ellos
trabajan cosas ilegales. Hemos puesto una tranca de control y hemos decomisado
paquetes de coca (cocaína)”.

El puesto de control al que se refiere Jhonathan
es un punto de delimitación del TCO Yuqui-CIRI. En
julio del 2020, el pueblo Yuqui presentó incluso una demanda oficial ante la
Asamblea Departamental de Cochabamba sobre la presencia de narcotráfico en su
territorio y la existencia de una pista ilegal dentro del mismo TCO.

Pero las autoridades también constataron la presencia del narcotráfico que el pueblo
Yuqui denunció.
En agosto del 2020, la Unidad Móvil de Patrullaje
Rural (Umopar), junto al entonces
ministro de Gobierno, Arturo Murillo, descubrieron
una pista clandestina que había sido usada para el traslado de droga producida en
un laboratorio ubicado
en esa misma zona, y que, según publicó la prensa local,
habría sido protegida por “un lugarteniente de Evo Morales
”. A la vez, el Ministro denunció la
tala indiscriminada que se había realizado para la construcción de la pista.

La resistencia

Tanto la
llegada del nuevo coronavirus como las amenazas de los colonos a sus
territorios, la tala ilegal, el narcotráfico y la desidia estatal constituyen
un largo historial de violación de los derechos de los yuqui. La salud y la educación dependen de los recursos del Plan de Manejo que se suspendió y, como
consecuencia, el orfanato del pueblo, donde
albergan a 35 niños y niñas que quedaron huérfanos luego de que sus padres
murieran, víctimas de
una epidemia de tuberculosis que ocurrió en 2012, ha quedado a la deriva.

 Al inicio de la
pandemia, los yuqui tuvieron que comprar sus propios medicamentos para poder
combatir la enfermedad, pues las autoridades gubernamentales llegaron tarde.

La pandemia solo fue la última de una larga
serie de amenazas para este pequeño pueblo indígena de la Amazonía boliviana que se ha declarado en resistencia. El pueblo Yuqui se empeña en
cuidar su identidad, sus costumbres y su selva a costa de lo que sea.


Este reportaje fue
producido con apoyo del Rainforest Journalism Fund, en colaboración con el
Pulitzer Center.